POR QUÉ DECIDÍ SER MILITAR…

I

POR QUÉ A VIELLA

A la sazón, vivía en Melilla. Hijo de militar, y próximo a la edad en que se realizaba el servicio militar, mi padre me recomendó ingresar voluntario en un cuartel que había frente a mi casa… -Harás una “mili” más cómoda y podrás aprovechar para seguir tus estudios- me dijo.

Sin embargo, yo tenía mi idea al respecto. Me incomodaba sobremanera hacer el servicio militar “enchufado”. Quería saber cómo se pasaba en la realidad y sin recomendación y, en mis propósitos, no entraba quedarme en Melilla como “hijo del Comandante”, disfrutando de unas prebendas que los demás no podían disfrutar.

Así, unos días después de que mi padre me recomendara cómo y dónde hacer la “mili”, decidí ingresar voluntario en una unidad con solera, lo más lejos posible de la influencia militar de mi padre y donde poder practicar mi gran afición… la montaña en todas sus variantes: La Compañía de Esquiadores Escaladores de la División de Montaña “Urgel” nº 4.

Aquella unidad tenía su sede en Viella, capital del Valle de Arán, en pleno Pirineo de Lérida y hacia allí salí un mes de enero de 1972, con una pequeña maleta en la que llevaba las pocas cosas que podía necesitar y entre las que, por supuesto, no faltaba mi cámara de fotos.

Después de un viaje sin contratiempos, cogí un autobús en un pueblo llamado La Pobla de Segur y desde allí, por una tortuosa carretera de montaña llegamos a la boca sur del famoso túnel de Viella. Era por la tarde y aunque el día no estaba totalmente claro, recuerdo que hasta entrar en el túnel, la claridad era la clásica de montaña, con una gran luminosidad que las manchas de nieve que había en los márgenes de la carretera, aumentaba.

Nos introdujimos en el angosto paso y pronto la oscuridad nos rodeó, rota únicamente por los faros del autobús que iluminaban la carretera y unos inmensos chuzos de hielo que, en aquellos lugares donde el agua se filtraba entre las placas de cemento, se habían ido formando.

Al cabo de quince o veinte minutos, salimos del túnel por su boca norte y ante mis asombrados ojos se extendió un paisaje que parecía sacado de un entorno completamente diferente al que dejamos en la boca sur. La nieve lo cubría todo y la carretera discurría bordeada por un talud que, en algunos lugares, llegaba a ser más alto que el mismo autobús. La tarde caía y entre jirones de nubes bajas, allá abajo entre la niebla, se veían las luces del pueblo y los tejados de pizarra negra destacaban sobre la nieve que todo lo cubría.

Sólo quien haya estado en el Valle de Arán, podrá hacerse una idea de cual fue la impresión que me causó mi primer contacto con aquel maravilloso entorno.

En 1972, Viella era un pequeño pueblo donde el “boom” del turismo aun no había llegado. Sus construcciones eran las típicas de los pueblos de montaña que había visto en las fotografías de mis libros. Robustos muros de piedra, estaban coronados por agudos tejados de pizarra soportados por gruesas vigas de madera. Las ventanas, de pequeño tamaño, tenían unas contraventanas de madera abiertas y sujetas al muro por unos soportes de hierro.

Pronto llegamos al cuartel y las sorpresas continuaron. Más que un establecimiento militar, aquel recinto parecía una residencia de lujo. Una esmerada limpieza y un cuidado extremo, hacían que, inmediatamente, se apreciase la constante atención y mantenimiento que se seguía en aquella unidad.

El Cuerpo de Guardia daba cobijo a una escuadra que, al mando de un Cabo, vigilaba la seguridad del acuartelamiento.

Frente al edificio había una garita que, según supe después, rara vez era utilizada por el centinela que se mantenía en una rígida posición de descanso, rigidez que rompía de vez en cuando desplazándose con paso marcial hasta una pasarela, de unos diez metros de longitud, que se encontraba al otro lado de la calle de acceso y en la cual se quitaba el frío desfilando con paso rápido y marcial, haciendo giros reglamentarios al llegar a los extremos, con una increíble y repetida perfección.

Acudió a recibirme el Cabo de Guardia que en nada se parecía a los soldados que yo estaba acostumbrado a ver en los muchos cuarteles que había visitado. Impecablemente uniformado, una larga barba le llegaba al pecho y el rostro que la barba no cubría, aparecía curtido, requemado por el frío y el sol y en sus orejas, se apreciaban las lesiones que, en forma de sabañones, habían dejado las bajas temperaturas.

Una vez le hube informado de quien era y de que entraba voluntario en aquella unidad, la incredulidad se dibujó en su rostro. Me preguntó si estaba seguro de que era allí donde yo quería ir y cuando por fin se convenció de lo que le decía, me acompañó a ver al Sargento de Cuartel.

Otra vez la incredulidad del Suboficial me mosqueó pues, según me decía, nadie iba voluntario a aquella unidad.

Al cabo, después de ver como se saludaban y el extremo respeto con que los subordinados se dirigían a sus superiores, empecé a entender el porqué de su extrañeza. Famosa en toda la zona militar de Cataluña por su dureza y extrema disciplina, la Compañía de Esquiadores Escaladores de Viella, al mando del Capitán D. José de la Barrera Vicente, era el último lugar donde un joven en su sano juicio, habría decidido ir voluntariamente.

Impresionado por todo lo que iba viendo y oyendo, empecé a dudar de si habría sido un acierto mi solicitud de aquella unidad, pero pronto deseché mis dudas y me dije que a lo hecho pecho y que nada ni nadie impedirían que disfrutase de aquella experiencia.

Definitivamente, iba a saber lo que era el servicio militar y lo iba a conocer en una unidad de increíble disciplina, en un entorno sumamente duro y hostil y en un lugar a mil kilómetros de mi casa, de mi familia y de cualquier apoyo que mi padre me pudiera prestar. ¿Era eso lo que yo quería…? Pronto saldría de dudas.

II

EN EL CIR Nº 9 DE SAN CLEMENTE DE SASEBAS

Al día siguiente, acompañado por un cabo de la Compañía (Borderías Albiol son sus apellidos que recuerdo) me dirigí al CIR (Centro de Instrucción de Reclutas) nº 9 que estaba situado en el pueblo de San Clemente de Sasebas, cerca de la ciudad de Figueras.

Mi estancia allí fue de tres meses. Pronto mis compañeros se enteraron de cual sería mi destino una vez terminado el período de instrucción por lo que, a partir de ese momento, todos me conocieron como “Viella” y así me llamaban hasta los mandos.

Las instalaciones de aquel centro dejaban mucho que desear. Nos alojábamos en barracones de madera en los que, los días que soplaba la tramontana, el viento entraba por mil sitios y por más que tratábamos de taponarlos con papel de periódico, siempre quedaba algún agujero por el que se filtraba el aire helado.

Allí tuve mis primeros contactos con la disciplina militar, aprendí a reprimir mis opiniones y a acatar la voluntad de los superiores en un ejercicio de humildad que luego me ha servido en muchas ocasiones de la vida para callar a tiempo antes de meter la pata. Allí tuve mi primer contacto con las armas y aprendí a manejarlas con respeto y a no jugar con ellas: -las armas las carga el diablo y las disparan los estúpidos- nos decía nuestro Capitán. Allí aprendí lo que es la solidaridad, el unirte a tus compañeros, el consolarlos cuando por alguna circunstancia lo necesitaban y a sentir el calor de la amistad desinteresada. Y también allí supe lo que es pelar sacos y sacos de patatas, allí supe lo que es fregar el suelo de rodillas y frotando con estropajos de esparto hasta conseguir quitar la mugre que lo recubría todo y lavar montañas de enormes utensilios y perolas de la cocina de tropa y lo que fue más importante, allí aprendí a valorar las comodidades de las que había disfrutado en casa y nunca antes había considerado.

Los tres meses del período de instrucción pasaron pronto y antes de darme cuenta, me enviaron a incorporarme a mi unidad.

III

EL CUARTEL INCREÍBLE, EL EQUIPO TAMBIÉN

Me incorporé a la Compañía con un grupo de compañeros del CIR a los que les había tocado “en suerte” ir destinados a Viella.

Nos acomodaron en uno de los dormitorios y durante los primeros días tuvimos que “sufrir” las clásicas novatadas que antes se hacían en el Ejército. Allí, en la Compañía de Viella, las bromas tenían su sello personal y consistían en encierros en las jaulas que había en el Limite Norte, en la cuadra de la mascota y otras por el estilo pero nunca ofensivas ni peligrosas.

Pero estoy hablando del “Limite Norte” y de la mascota sin haber explicado como era el cuartel y como la Unidad.

El cuartel de la Compañía de Esquiadores Escaladores, se encontraba en el mismo pueblo de Viella. Situado entre la carretera general que atravesaba el pueblo y el río Garona, ocupaba una parcela cuadrada que limitaba por el sur con esa carretera y su límite norte era el río. Los límites del cuartel eran, por su lado de la carretera los quitamiedos metálicos de ésta y por el norte, había un paseo que bordeaba el río y en el que había una serie de jaulas donde tenían animales de la zona, águilas, un búho, erizos, urracas, …

Rodeando todo el perímetro del cuartel, en las zonas donde nada impedía el paso, había instalado un sistema de cables de acero por los que discurrían unas poleas en las que iban fijadas unas cadenas a las que estaban atados unos perros, como los pastores alemanes pero blancos, de gran fiereza y que no permitían acercarse a nadie.

Las construcciones formaban un cuadro en cuyo centro se encontraba el patio de armas. En su lado este estaban las cuadras de los mulos y por su lado oeste, detrás de la nave dormitorio, se encontraba una zona amplia de césped en la que estaba el monolito y en la que se llevaban a cabo todos los sábados un acto de homenaje a los caídos por España.

En su lado norte, entre los edificios y el río, se encontraban los campos de deportes en los cuales, todos los días que no se salía a correr, se hacían diversos ejercicios para mantenernos preparados físicamente. Por las tardes, era habitual la práctica de diferentes deportes.

Todo el acuartelamiento estaba decorado con motivos rústicos y elementos tales como la reproducción de una catapulta y diversos carruajes antiguos, así como con esquís, piolets, zuecos de madera y otros artilugios que le hacían parecer más un museo que un acuartelamiento.

Las construcciones, típicas del valle, eran unos robustos edificios con agudos tejados de pizarra negra. En algunos de ellos, se abrían buhardillas. Las ventanas que daban al exterior del patio, estaban guarnecidas con contraventanas de madera que se mantenían sujetas al muro con unos anclajes de hierro que se pintaban continuamente para evitar la aparición de óxido. Los paños de las construcciones estaban perfectamente encalados mostrando una blancura resplandeciente que contrastaba con los zócalos y esquineros de piedra.

Los equipos, materiales y armamento, se trataban de ajustar, con mayor o menor fortuna, a los requerimientos de la Unidad.

En cuanto a la impedimenta, los uniformes que teníamos eran los mismos que utilizaban las unidades normales, el modelo M-67 en loneta fina y que teníamos, en los extremadamente fríos días de invierno, que complementar con los famosos “marianos” (calzoncillos largos) y con camisetas de invierno. No existían, o por lo menos allí no los teníamos en dotación, los famosos uniformes hidrofugados que, posteriormente, pude disfrutar en mi destino en Cazadores de Alta Montaña en Jaca.

El calzado tampoco era nada especial, y las famosas botas de tres hebillas, fueron mis compañeras durante toda mi estancia en la Compañía.

Para la práctica del esquí, disponíamos de unos pantalones de lana basta, con tirantes y el jersey reglamentario común a todo el ejército que, por aquellas fechas, parecían hechos más con borra que con lana. Un chubasquero de nylon que se empapaba rápidamente completaba nuestra equipación de esquí. Para los pies las botas, de cuero, marca “Segarra”, atadas con cordones y con una correa que envolvía el tobillo, trataban inútilmente de inmovilizar el pie en los esquís, intento completamente fallido pues, una vez mojadas, se quedaban blandas y para conseguir trasmitir a la tabla la acción del pie, había que forzar exageradamente la flexión de rodillas y la torsión del cuerpo y, aun así, no siempre se conseguía el propósito perseguido.

Por último, los esquís eran marca Sanchesky- Hickory, con cantos troceados, atornillados a las tablas y con una fijaciones, mixtas, con cable de acero que se tensaban con un “cangrejo” y que, según fuéramos a utilizarlos para pista o travesía, teníamos que liberar el cable de unas orejetas que mantenían el pie fijo o permitían la articulación de la bota. Los bastones eran de aluminio con las dragoneras de cuero y con unas enormes arandelas de aluminio unidas al bastón también por tiras de cuero.

Luego disponíamos de raquetas para andar por la nieve, fabricadas con madera y cuerdas y unos piolets de acero, con mango de madera y regatón también de acero.

Para la escalada, aun manejábamos las cuerdas de cáñamo, las clavijas de hierro en “p” y los mosquetones ovalados de acero. Una maza, que con cuatro golpes se partía, completaba nuestro increíble material de escalada.

Para portear la impedimenta y materiales, disponíamos de una mochila, tipo zurrón, con armadura de hierro y una bolsa central con tres bolsillos adosados.

Y he dejado para el final el elemento humano, los hombres que hacían su servicio militar en aquella increíble unidad eran lo mejor de todo. Entrañables compañeros a los que la dureza del medio y los sacrificios compartidos hicieron como hermanos.

IV

LA COMPAÑÍA DE ESQUIADORES ESCALADORES: UNA UNIDAD SIN IGUAL

La Compañía de Esquiadores Escaladores de Viella, era una unidad muy peculiar. Unidad independiente, enmarcada en el mejor escenario que se podía haber deseado y con la guarnición más próxima en Lérida donde se encontraba el Regimiento Barcelona 63 del que dependía administrativamente, basaba su funcionamiento en una disciplina férrea y en la aplicación a rajatabla de lo dispuesto en las Reales Ordenanzas de Carlos III y en el Régimen Interior, temible texto que, cuando se nombraba, ponía a cavilar a aquel contra el que se esgrimía.

Yo mismo, lo padecí en mis carnes cuando, por no haber cumplido con la diligencia debida un trabajo encomendado, me vi arrestado con un pelado al cero y un mes de calabozo. Y como el Régimen Interior decía que en el calabozo no se podían tener mas que unas tablas y unas mantas, así me corregí de todas las desviaciones que pudiera haber tenido en la columna, pues esa fue mi cama durante todo el mes. Y conste, que no fui de los más arrestados, pues había quien tenía acumulados arrestos por más tiempo que el que llevaba de servicio.

Una de las costumbres que rompía moldes, era la obligación de que, siempre que había que cruzar el patio de armas para desplazarse de un edificio a otro, había que hacerlo a la carrera. Estaba completamente prohibido andar por el patio.

Era algo digno de ver pues, a la hora de la comida, que teníamos que acudir desde el dormitorio al comedor, parecía que íbamos a apagar un fuego ya que todos corríamos como posesos.

En los dormitorios, el orden y la pulcritud eran exagerados. Estando organizada la unidad con arreglo a las plantillas en vigor, y aplicando lo escrito en las Reales Ordenanzas, estábamos organizados por escuadras. Cada escuadra se componía de un cabo y cinco soldados y cada escuadra tenía asignada una zona del dormitorio con tres literas dobles y seis taquillas. El Cabo Jefe de Escuadra, era responsable del estado de orden y limpieza de la zona asignada y no era necesario que dijera nada pues todos sabíamos lo que ocurriría en caso de encontrar algún fallo el Sargento de Semana. Se vigilaba hasta el extremo, que no hubiera ni una arruga en las colchas de las camas, que la disposición de las mismas, fuera exactamente igual en las seis camas, disposición que se repetía, clónicamente, en cada una de las otras escuadras; que las literas estuvieran exactamente alineadas con el resto de toda la nave, que no hubiera ni una mota de polvo, no ya sobre las superficies expuestas, sino que, cuando se pasaba revista de locales, el Sargento de Semana, la pasaba con unos guantes blancos puestos y se dedicaba a meter el dedo en todos aquellos lugares más escondidos como la parte inferior de los travesaños, los rebordes de la armazón metálica y los bajos de las taquillas.

Así mismo, se revisaba detenidamente el suelo para comprobar que no había ni una mancha de betún, cosa que podría haber ocurrido con facilidad pues nos teníamos que limpiar las botas varias veces al día.

El mismo orden y limpieza se observaba en todas las demás dependencias. En los comedores, las mesas se alineaban por las rayas del enlosado del suelo, encima de las mesas se disponían las jarras, vinajeras y otros aditamentos como alineados con regla pues el encargado de montar las mesas se colocaba en un extremo y con paciencia iba indicando a los que estaban de servicio ese día, los desplazamientos necesarios para conseguir el orden establecido.

Incluso en la cuadra de los mulos, fui testigo de cómo se arrestaba al encargado de la misma porque, habiéndose preparado la revista, el Teniente había encontrado cagadas de mosca en las bombillas.

Y todo esto que así narrado podría parecer un cúmulo de tonterías maniáticas, conseguía, una vez se le cogía el ritmo, que la Unidad fuera un engranaje en el que, la exactitud del funcionamiento del conjunto de piezas, hacia que funcionase con una precisión milimétrica.

Para las cuestiones de la instrucción, el ritmo y la exigencia eran, si cabe, más estrictos.

El Orden Cerrado (formaciones, movimientos con y sin armamento, desplazamientos en formación) era digno de verse. Desde el primer día, se exigía una perfección casi total y el período de integración en la unidad, era un auténtico martirio. El proceso empezaba con la instrucción a pie firme y sin armamento. Los instructores no dejaban pasar ni una: -¡levantad las cabezas…!-, -¡más…!, ¡más…!, ¡mirad por encima de la cabeza del de delante pero levantando la cabeza no sólo los ojos…!… -¡saca pecho…! ¡mete esa barriga…! ¡la cabeza…, que se te cae…! ¡levántala…! ¡tira de los hombros “pa tras”…! ¡los brazos…! ¡estíralos…! ¡esas manos…! ¡pegadas a los costados…, semicerradas…! ¡échalas “pa tras” que parece que te estas guardando los huevos…! ¡junta los tacones… los pies a cuarenta y cinco grados…!

Y luego empezaban los giros a pie firme: -¡derecha…! ¡mar…!…-¡el taconazo…, que no suena…! -¡izquierda…! ¡mar…!… ¡no suena… tiene que sonar como un cañonazo…! y repetíamos y repetíamos, una y otra vez: ¡derecha…! ¡mar…! -¡a ritmo de paso ordinario…! ¡uno…! ¡dos…! ¡uno…! ¡dos…! ¡media vuelta…! ¡uno…! ¡dos…! ¡uno…! ¡dos…!

El suplicio continuaba con la instrucción marchando. Conocida como la Legión Blanca, la Compañía de Viella, funcionaba siguiendo muchas de las directrices de la Legión, una de ellas era la frecuencia del paso. Muy por encima del ritmo normal, al principio costaba pero, una vez cogido, el desfile resultaba más marcial y enérgico. El braceo era también como el de la legión y la exigencia para conseguir la uniformidad y el ritmo era insistente e inagotable: -¡ese brazo…! ¡con fuerza…! ¡arriba…! ¡atrás…! ¡arriba…! ¡atrás…!- y braceábamos y braceábamos hasta que ya no sentíamos los brazos y parecíamos autómatas. A fin de cuentas, eso era lo que se perseguía con aquellas sesiones agotadoras de instrucción, conseguir que el automatismo fuera total y que, al oír la voz preventiva, nuestros nervios se tensaran y a la ejecutiva, el movimiento se ejecutara como un solo hombre, con energía y perfecta unificación.

V

EL RÉGIMEN DE VIDA: IMPRESIONANTE

El tiempo de instrucción pasó rápidamente y pronto nos vimos inmersos y perfectamente integrados en la Unidad.

La jornada de trabajo empezaba a las siete de la mañana. El toque de diana nos despertaba y las voces del Sargento de Semana urgiéndonos a levantarnos y animando a aquellos más perezosos con métodos más expeditivos, imprimían a nuestra vida una actividad febril.

Los requerimientos del suboficial para que se formase con diligencia, hacía que, en muchos casos, los mas retrasados formasen en paños menores, con las botas, el gorro y el ceñidor, únicos aditamentos de la uniformidad que era obligatorio portar a la formación de diana.

Era curioso el aspecto de aquella primera formación en la que, soldados a medio vestir, permanecíamos en el patio, la mayoría de las ocasiones nevado, con temperaturas próximas a cero grados cuando no por debajo de cero, en rígida posición de descanso, las cabezas levantadas y en absoluto silencio esperando a que el Sargento de Cuartel, gritase nuestro nombre, momento en que, cuadrándonos con fuerte taconazo y en correctísima posición de firmes, contestábamos con fuerza ¡PRESENTE…!, volviendo a caer en la posición de descanso en la que permanecíamos en inmovilidad absoluta hasta que la lista finalizaba.

Luego, a la voz entrecortada de ¡Fir… Mes!, nos estirábamos creciendo mientras los brazos tiraban hacia abajo para a continuación cuadrarnos con un fuerte taconazo. Al ¡Rompan filas…! ¡Mar!, desaparecíamos a la carrera en el interior del dormitorio buscando la acogedora temperatura del mismo y procediendo al aseo personal y al arreglo diario de las instalaciones, vigilando hasta el último detalle al hacer la cama, dejándolas perfectamente hechas y alineadas pues, la más mínima irregularidad, podía ser, y de hecho lo era, motivo de arresto.

A las siete y media volvíamos a formar en el patio, con el “jarrillo”, un recipiente de aluminio, de forma aplastada y con una correa de cuero para cogerlo sin quemarnos cuando el contenido estaba demasiado caliente, y desfilábamos por delante de un tren de reparto donde nos llenaban el “jarrillo” de café o cacao y nos daban unas galletas y varias rodajas de algún fiambre y un bollo de pan.

Después del frugal desayuno, nos dedicábamos a preparar la impedimenta y el armamento para comenzar la instrucción diaria.

A las ocho se tocaba “Escuadra” y, al oír el toque, todos corríamos a nuestro lugar de formación donde nos esperaba nuestro Cabo que procedía a revisar nuestro estado de policía y disposición de la impedimenta y armamento. Una vez revistados y con todo en orden, el Cabo daba novedades al Jefe de Pelotón.

A las ocho y cuarto se tocaba “Compañía” y en ese momento, los Jefes de Pelotón revisaban sus escuadras y daban novedades a los Jefes de Sección.

Y por fin, a las ocho y veinticinco se tocaba “Batallón y llamada” y a ese toque, el Capitán de la Compañía recibía novedades de los Jefes de Sección para, a continuación mandar de frente y, al compás de una marcha militar interpretada por la banda de cornetas y tambores, desfilábamos, saliendo del acuartelamiento a paso ordinario, los fusileros con nuestras mochilas a las que llevábamos atado el fusil, sujetas por sus agarraderas a la altura del pecho y, detrás de las secciones de fusiles, el ganado portando las armas colectivas y cuyo sonido, provocado por el golpeteo de los cascos de los mulos sobre el empedrado del patio, unido al nuestro propio y todo ello envuelto en la música, formaban una amalgama de sensaciones que hoy, casi cuarenta años después, me siguen erizando el vello al recordarlas.

Así, en correcta formación, desfilábamos por Viella hasta la salida que hubiéramos de coger según el programa de instrucción marcado, para, una vez fuera del pueblo, pasar al “paso de maniobra” y después al más cómodo de “en columna de viaje”, momento en que podíamos hablar y marchar más relajados.

Pero, dadas las características del Valle de Arán, pronto dejábamos de hablar y teníamos que dedicar todas nuestra energías a mantener el ritmo en las empinadas laderas de aquellas montañas para no romper la disciplina de marcha, extremo éste que se vigilaba con especial atención ya que, las pequeñas distancias que pudiéramos ir dejando, se multiplicaban y, al final, hacían que los últimos sufrieran doblemente la dureza de aquellas pendientes pues tenían que absorber los “tira y afloja” que los que iban delante podían provocar.

En ninguna otra unidad he visto nunca un control tal de la disciplina de marcha y en ninguna he visto llegar al conjunto de la unidad hasta el destino final con total eficacia y al completo de los componentes de la columna.

Durante la marcha, se vigilaba permanentemente que, el ejercicio, fuera una fuente de constante aprendizaje. Así, se corregía hasta el hecho de marchar descubiertos. Recuerdo como, al observar que algún componente de la columna de marcha, se quitaba la gorra y avanzaba sin ella, el Teniente gritaba: -¡“Fulano”… la gorra en la cabeza que el soldado que lleva las manos ocupadas con ella, no las tiene dispuestas para hacer uso de su arma en caso necesario…!

En ocasiones, se hacían simulaciones de alarma aérea y se producía la dispersión de la columna, volviendo luego, con prontitud, a recuperar el orden de marcha una vez terminada la incidencia.

VI

EL VALLE DE ARÁN, MARAVILLA DEL PIRINEO

El Valle de Arán es una maravilla escondida en pleno corazón de los Pirineos.

Además de su capital, Viella, hay infinidad de pueblos que salpican hasta los más recónditos rincones de su orografía.

Viella, en aquellos años, era un pueblo de gran belleza. Con una población que no llegaba a los tres mil habitantes, todas sus edificaciones tenían el sello típico de las construcciones alpinas, con agudos tejados de pizarra negra a dos aguas y muros donde la piedra jugaba un papel importante. Sus ventanas, estaban dotadas de contraventanas para proteger de las inclemencias del tiempo a sus moradores y la madera, en vigas y refuerzos, le daban ese aspecto entre sólido y rústico característico de las antiguas construcciones de montaña.

Descendiendo del Túnel al que da nombre, la carretera se convertía en la calle principal del pueblo, a ambos lados, se iniciaba una industria turística que ya dejaba presagiar el terrible “boom” que vendría luego.

La Avenida, entonces de José Antonio, es la calle principal de Viella

Pronto nos encontrábamos con su iglesia de estilo románico-gótico con una torre coronada por su tejado de pizarra negra y en la que, al entrar a su sombrío interior, te transportaba a medievales épocas pasadas.

La calle principal, estaba cortada por un puente que permitía cruzar el Ríu Nere poco antes de la desembocadura de éste en el otro gran río del valle, el Garona. De vertiente atlántica, el Garona llevaba agua todo el año y era el límite norte natural del acuartelamiento. Sobre él hacíamos las prácticas de medios de progresión semipermanentes, tirolinas, escalas de troncos, pasarelas de cuerda, … como no había desnivel alguno, los anclajes se hacían en los árboles de sus riberas, desde las ramas más altas, hasta el suelo en la orilla opuesta. En él nos bañábamos en verano en un remanso que preparábamos con un dique de piedra construido por nosotros y en él padecíamos sus gélidas aguas en invierno cuando, al grupo de arrestados, nos ordenaban sacar piedras del río para realizar algún tipo de pequeña obra que hubiera que hacer.

El Garona con el Montardo al fondo

Siguiendo por la calle principal, a la izquierda nos encontrábamos con el Hospital de Viella, imponente caserón que fue utilizado para rodar alguna película de terror y, en el mismo lado algo más adelante, se encontraba el cuartel, instalación de gran belleza y que ya he descrito con anterioridad.

Enfrente del acuartelamiento, existían unos bares y un hostal de los que  no recuerdo los nombres.

A partir de aquí, terminaba el pueblo y la carretera continuaba por el fondo del valle hacia otros enclaves igualmente típicos e igualmente bellos y sugerentes. Entre los que recuerdo con especial cariño, podría citar, en dirección a las pistas de esquí de Baqueira Beret: Betren, pequeño núcleo que cruzábamos cuando nos dirigíamos hacia la Tuca de Betren impresionante crestería desde la que dominábamos la ruta de los grandes lagos.

Escunyau, Casarill, Garos… todos ellos como sacados de un cuento y cuyos valles y prados tantas veces  recorrí con mis compañeros de fatigas haciendo recolección de los deliciosos hongos que en el valle tanto abundan… los deliciosos “rovellós” o “níscalos”, los amarillentos “rosignols”, los arracimados “peus de rat”, las “carreretas” que cogíamos en los prados y tantas otras especies que no recuerdo y que luego, los compañeros rancheros guisaban en la cocina y nos los servían solos o acompañados con carnes, cocinados con patatas y de otras formas deliciosas que, en mi memoria, se asocian con las dulzuras de las fresas silvestres, los arándanos y las moras, que recogíamos en nuestros recorridos, según las diferentes estaciones.

El siguiente pueblo, Artíes, lo tengo en mis recuerdos asociado a mis primeros contactos con los esquís; en sus prados me inicié en las técnicas de tan bello deporte, realice mis primeras agotadoras subidas en “tijera”, como un pato mareado, en escalera… allí practiqué mis primeras vueltas “maría” con las que, en ocasiones, parecía que se me iban a descoyuntar las piernas y allí hice mis primeros descensos, primero en cuña y después con algo más de técnica por sus extensos prados cubiertos de nieve.

-¡Flexión! ¡flexión!… flexiona ¡coño…! que pareces una tabla.

-¡Torsión! ¡torsión!… y ahora… ¡angulación!… ¡dóblate!… ¡doblate!… y ¡catacrás!… nos pegábamos unas tortas de órdago.

Ni que decir tiene, que el número de aparatosas caídas, fue superior al de descensos y recuerdo haber visto a  algunos de mis compañeros colgados por los esquís entre las ramas de los árboles que marcaban la linde inferior de aquellos prados.

También allí en Artíes tomábamos el valle del Ríu Valarties para acceder al Estany de la Restanca y después al Montardo de 2830 metros de altitud.

Artíes

Gesa, Unya, Salardú, Tredos y por fin llegábamos a las pistas de Baqueira pero para eso dedicaré un capitulo completo pues merece la pena.

Unya

Desde Viella, hacia la otra parte del valle, también había lugares de gran belleza y además de sus pueblos… Vilac, Betlan, Vila, Aubert, Arros, … recuerdo los umbríos bosques y prados del Pla de Bataller y de l’Artiga de Lin.

L’Artiga de Lin

Entre las cumbres que rodeaban el Valle y a las cuales subíamos a hacer instrucción o en los recorridos y marchas programados y que aún recuerdo, se encontraban el Monte de Garós (2173), el Arenyo (2522), el Monte Peguera con su altura máxima en el Pic de Uixera (2336) todos ellos en la vertiente norte del Garona y en la vertiente sur destacaban el Montcorbisson (2167), Pic de Letassi (2173), el Pic de Mig Dia punto intermedio para llegar a la Tuca de Betren (2514) y otros vértices de menor altitud que se pierden en mi memoria.

Sí recuerdo bien los largos recorridos, así, la marcha al Montardo pasando por el Ibon de la Restanca. La Ruta de los Grandes Lagos a la que accedíamos también por la Restanca para despues variar hacia el Oeste y encontrarnos con el Estany de Mar, el Tort de Ríus, el Estany de Ríus y por fin el Estany Redó desde donde, después de contemplar el lugar donde el túnel de Viella se introduce en el corazón de la montaña por su boca sur, nos dirigíamos hacia el Paso del Nebot y desde allí, por el barranco del Ríu de Fontfreda, bajábamos a Viella.

Otro recorrido espectacular era cuando, desde nuestro valle, pasábamos al de Benasque, subiendo por el barranco del Ríu Nere, llegábamos al Estany de Toro, desde éste al de Mulleres y, por fin, al collado de igual nombre desde el que accedíamos al Tuc de Mulleres (3010), para después bajar de nuevo hacia el collado y, desde allí, entrar en el valle vecino y dedicarnos a hacer ascensiones a las cumbres más importantes, empezando por el Aneto (3404), al que pasábamos desde las maladetas por el “paso de Mahoma” , después de haber atravesado todo el glaciar al que entrábamos desde el refugio de “La Renclusa”.

Otra cumbre de la que guardo un grato recuerdo por las impresionantes vistas que desde allí se divisan, fue el Pico Salvatierra.

Por esta misma ruta, ascendimos a la Tuca Forcanada (2875) de la que ya he colgado las fotos en la Galería.

Cuánto sudor, cuánto sufrimiento, cuánto esfuerzo, cuántos kilómetros, cuánta dureza y, sin embargo, cuánto compañerismo, cuánto espíritu de sacrificio, cuánta solidaridad, cuánto desprendimiento y cuánto amor a España…

VII

PRIMERAS ESCARAMUZAS CON LA NIEVE

El toque de corneta resonó con claridad y brincamos de la cama sin necesidad de que el Sargento de Semana utilizara los medios que en otras ocasiones eran imprescindibles. La formación en el patio nevado se hizo con más rapidez de la habitual y después de arreglar los dormitorios y consumir el habitual desayuno, nos dirigimos a los guarda-esquís a preparar el material para iniciar las actividades.

Hacía días que había empezado a nevar y las temperaturas habían bajado drásticamente con lo que, la nieve, se mantenía en los prados lo que anunciaba que el inicio de las actividades invernales era inminente y todos estábamos deseando que así fuera.

Durante los días previos, habíamos empezado a preparar el material de esquí.

Como ya he explicado, los cantos de las tablas eran troceados y estaban atornillados, por tal motivo no era extraño que, al pisar una zona escasa de nieve o con alguna piedra, se perdieran parte de los cantos, así, tuvimos que revisar y reponer todas aquellas faltas.

Igualmente habíamos repasado los arañazos de la suelas fundiendo sobre ellos barritas de plástico que para tal fin se nos suministraban. Recuerdo que cuando no disponíamos de aquellas barritas, fundíamos tapones de plástico, de aquellos transparentes que llevaban las botellas de vino de baja calidad. Una vez rellenas las irregularidades de las suelas, retirábamos los excedentes con una cuchilla y después lijábamos la superficie hasta conseguir que quedara lisa y uniforme. Luego aplicábamos una capa de cera y la extendíamos, dejando así preparadas las tablas para su uso.

Los bastones eran revisados con detenimiento y cuando había rota alguna de la tiras de cuero que unían la arandela al bastón, procedíamos a sustituirla. Asimismo, comprobábamos las dragoneras y los regatones, sustituyendo, en su caso, los que estaban igualmente dañados.

También habíamos preparado las botas aplicándoles una gruesa capa de grasa de caballo y se nos había suministrado la impedimenta de esquí que en capítulos anteriores ya he descrito.

Con aquello, ya estábamos dispuestos para nuestra primera toma de contacto con la nieve.

Antes de que hubieran empezado las nevadas, ya habíamos estado practicando con las tablas, a pie firme, sobre la hierba de los prados. Habíamos aprendido a calzarnos y fijarnos las botas, a acoplarlas a las fijaciones, a sentir la esclavitud que, en las primeras tomas de contacto, parecen ser los esquís.

Comenzamos con los primeros ejercicios para fortalecer la musculatura implicada que se convertían en un martirio implacable. Sentarse sobre las colas repetidas veces e incorporarse, flexionar fuertemente las piernas e inclinar el cuerpo hacia adelante hasta tocar repetidamente las espátulas. Marchar metiendo cantos interiores. Repetir clavando cantos exteriores. Clavar cantos interior de un esquí y exterior del contrario. Practicar una y otra vez la flexión manteniendo hombros, caderas y tobillos en el mismo plano. Adoptar posturas inverosímiles en las que se mezclaban la flexión, la torsión y la angulación, términos que nunca tuvieron casi significado hasta que los aplicamos en aquellas interminables sesiones de entrenamiento.

Aprendimos a cambiar de sentido de dirección con ejercicios de contorsionismo increíbles… la “vuelta maría” en las primeras prácticas nos parecía imposible. En pie, con los esquís paralelos, teníamos que elevar, con un tirón brusco, el esquí del lado hacia el que queríamos girar, hasta clavar la cola aproximadamente a la altura del la espátula del compañero. Luego, había que dejar caer la tabla que habíamos clavado, girándola hacia atrás, hasta dejarla paralela a la del otro pie, pero mirando para el lado contrario. En aquella postura, en que cada pie miraba para un lado lo que la hacía sumamente inestable, tenías que, cargando el peso del cuerpo sobre el esquí que habías volteado, hacer un ejercicio de equilibrio y, levantando el otro esquí, darle un giro de ciento ochenta grados hasta ponerlo paralelo con el anterior. Una vez conseguido aquello, ya estabas en condiciones de iniciar el movimiento en la nueva dirección.

En las primeras ocasiones, las caídas eran constantes y el consiguiente “cachondeo” hacía que aquello, más que una sesión de instrucción, pareciera una reunión de “sonados”.

Menos mal que nuestros mandos, conscientes de la absoluta novedad que todos aquellos ejercicios de contorsionismo y equilibrio, suponían para nosotros, permitían que se desarrollaran con cierta “flexibilidad” lo que los hacía agradables y relajantes dentro de la dura disciplina de la Unidad.

Y por fin allí estábamos, con nuestros gorros de lana, las gafas casi prehistóricas, con monturas de fieltro y cristales de plástico verde flexible, sobre la frente encima del gorro, nuestro chubasquero de nylón, el pantalón de peto, de aquel tejido tan áspero que si no fuera por los calzoncillos “marianos” que todos llevábamos debajo nos habrían desollado las piernas, las “maravillosas” botas “Segarra”, con interminables cordones blancos que pretendían, a base de dar vueltas y vueltas a los tobillos y reforzados por una correa que los envolvía, dar “fijeza” al conjunto y, por último, las tablas, los maravillosos “Sanchesky-hickory” y los bastones.

Formados de aquella guisa, esperábamos impacientes el momento de subir a los camiones que nos llevarían, los primeros días a los prados de Artíes y más adelante a las pistas de Baqueira Beret.

Aún recuerdo el traqueteo por la carretera sentado en la caja del camión, aun vienen a mi olfato, el asfixiante olor del humo de gas-oil del tubo de escape que, al no llevar lona de cierre, se introducía en la caja y nos hacía llorar y toser. Aún recuerdo la carretera, cubierta de nieve mezclada con barro destacando sobre los arcenes donde la nieve se mantenía impoluta. Imágenes vívidas que permanecen en mi mente.

Llegábamos a los prados y descendíamos de los camiones y nos disponíamos para realizar una serie de ejercicios que permitieran a nuestros mandos evaluar las capacidades de cada uno para, así, organizar grupos similares y que la falta de habilidad de los más torpes (o menos hábiles) no frenase el progreso del resto.

En aquellos prados, no había ningún tipo de remonte por lo que, el ascenso a las partes más altas, se hacía por nuestros medios, utilizando diversos métodos. El más sencillo, aunque cansado, era el de “escalera” es decir, se atravesaban los esquís a la pendiente y se iban dando pasos laterales hasta llegar a lo más alto. Esto que dicho así parece sencillo, a la hora de aplicarlo no lo era tanto. Si te descuidabas y dejabas de clavar los cantos “del monte”, los esquís se deslizaban y, como a tu lado y por debajo siempre había un compañero, el resultado era que dos, tres o cuatro, acabábamos en el suelo. Más adelante, aprendimos a subir en “tijera”, método que consistía en ponerse de cara a la pendiente, con los esquís abiertos por las espátulas y con las colas juntas, con los cantos interiores clavados, juntando las rodillas y haciendo un ejercicio bastante incómodo y cansado, dábamos pasos como patos mareados.

Pronto aprendimos a mantenernos sobre las tablas lo que nos permitió subir haciendo largas diagonales, clavando los cantos superiores o “del monte” y haciendo la “vuelta maría” para iniciar una nueva diagonal.

Una vez arriba, comenzaba la pesadilla. Los instructores nos daban todo tipo de explicaciones y aquello que así explicado, parecía tan sencillo, a la hora de llevarlo a la práctica se nos antojaba imposible.

-¡Mete cuña…! ¡Mete cuña…!

-¡Las colas…! ¡Separa las colas…!

-¡Junta las espátulas…! ¡No…, no las montes…!

Y ¡badaboum…! Allá que íbamos al suelo…, bueno a la nieve, en un revoltijo de tablas bastones y nieve.

Al principio, el levantarse, era toda una aventura; como no dominábamos los esquís, apenas te descuidabas, te veías sentado sobre las colas y, por más que hacías, no sabías como frenar y salías disparado por la pendiente hasta que, un canto mal aplicado o, el mismo “canguelo” que te entraba, hacían que volvieras a revolcarte levantando una nube de nieve y dando volteretas.

Pronto empezábamos a dominar aquello y de la cuña pasamos al paralelo. Las tablas parecían haber aprendido con nosotros y veíamos que hacían lo que queríamos y no lo que hasta aquel momento habían hecho.

Empezamos a lanzarnos sin miedo, a jugar con las flexiones y extensiones, aunque con gran esfuerzo debido a la blandura de las botas, los cantos entraban cuando queríamos y cambiando el peso, conseguíamos hacer giros.

Y, casi sin darnos cuenta, ¡Sabíamos esquiar…!

VIII

ESQUÍ EN PISTAS

Y por fin llegó el día.

Sentados en las cajas de los camiones, tragando humo de gas-oil y con los nervios a flor de piel, nos dirigíamos hacia la estación de Baqueira Beret.

La primera novedad fueron los telesillas. Descontando a los oriundos del valle y a algún que otro que ya había practicado esquí con anterioridad, el subir en aquellas sillas volantes, era la primera de las emociones que el subir a pista nos deparaba.

Más de uno cayó al no asentar el culo con la debida diligencia; más de uno, al llegar su turno, corría delante de la silla intentando encaramarse a ella hasta que un canto de los esquís que todavía no dominaba, le gastaba una mala pasada enganchándose en el momento más inoportuno y daba con él en el suelo.

Pero al final, todos acabamos en la estación intermedia.

A partir de allí, empezaba una nueva experiencia…, el ser capaces de enganchar una “percha” del telesquí, colocarla en el trasero y, cogiendo la huella, conseguir llegar al punto final donde el soltar la percha, salir de la huella, desviarse hacia donde tuviéramos que ir, llegar allí y conseguir para en el lugar adecuado, era toda una hazaña que. Al principio, nos parecía inalcanzable. Y si el telesquí era de los de aro que había que meterse entre las piernas, entonces, la hazaña era aun más difícil…

-Los bastones juntos en una mano…, coge la percha con la otra…, ¡no, no te sientes…! cuidado con los cantos, sigue la huella… ¡la huella…! ¡suelta ese cantoooo….! Y ¡bumba…! de nuevo a morder la nieve…

Pronto, pudimos comprobar que todavía nos quedaba mucho por aprender. En los prados de Artíes, su longitud era muy limitada por lo que, la velocidad, a pesar de lo que nos pudiera parecer al principio, nunca llegaba a ser importante.

Allá arriba, hasta las pistas más sencillas para debutantes, permitían lanzarse con más libertad y pronto, la impresión por no decir el “canguelo”, hacía que acabáramos sentados en las colas intentando frenar aquellos endiablados esquís que parecían actuar con voluntad propia.

Los jefes de grupo, nos organizaron rápidamente y pronto estuvimos formados en la ladera, con los esquís atravesados a la pendiente, esperando las indicaciones del instructor.

-Vamos a salir de uno en uno…, salimos en diagonal hasta el punto donde yo haga el giro. Allí, abrís cuña, cargáis el peso al esquí del monte y éste os llevará a la nueva diagonal. Recordad… flexión, torsión y angulación…

Sí…, ¡JA…!, muy sencillo… efectivamente salíamos en la diagonal, abríamos cuña, entrábamos en la línea de máxima pendiente y aquellas malditas tablas, empezaban a coger velocidad y no paraban hasta que, en una nube de polvo, acabábamos rebozados en la nieve.

-Los cantos, has olvidado los cantos, tienes que meter los cantos interiores y, una vez que controles la velocidad, debes cambiar el peso al esquí contrario al lado hacia donde quieres girar…

Qué sencillo y que posible parecía así oído pero, en cuanto querías llevarlo a la práctica… ¡catacrás…! acababas en el suelo soltando juramentos y maldiciones.

Pero pronto, empezamos a controlar aquellos giros y a pesar de más de una “enculada” al compañero que, estoicamente, nos esperaba en la nueva posición del grupo, o de una caída colectiva cuando, tontamente, perdías el equilibrio y arrastrabas a los compañeros como fichas de dominó, acabábamos por terminar todos juntos y dispuestos a iniciar un nuevo giro.

Y por fin, lo logramos y aunque al cambiar el sentido del giro, volvíamos a las andadas, fuimos capaces de controlar la “cuña”, el “esquí del monte” , “los cantos interiores”, “la flexión”, “la torsión”, “la angulación” y todas y cada una de las indicaciones que nuestros monitores, con infinita paciencia, nos fueron enseñando.

Luego fue el “paralelo” y cuando fuimos capaces de jugar con la “flexión-extensión-flexión”, aquello empezó a marchar viento en popa.

Rápidamente las pistas de debutantes se nos fueron quedando pequeñas y empezamos a pedir más y mayores dificultades. Y pronto, los grupos de la Compañía de Esquiadores Escaladores de Viella, bajaban por todas las pistas, verdes, azules, rojas y negras con total soltura y aquel cordón de figuras todas iguales, en impecable hilera, descendiendo por las laderas nevadas de la estación de esquí, fueron una constante durante todo el invierno en las pistas de Baqueira Beret.

Una vez dominamos la técnica, nos convertimos en inestimables colaboradores de la Estación y cada vez que había una competición, allí estábamos los militares pisando pista, colocando balizas y canalizando con redes los recorridos.

IX

ESQUÍ DE TRAVESÍA

-Para poder caminar con los esquís, tenéis que liberar la sirga de las orejetas…, eso permitirá el juego del pie al liberar el talón de la bota…

Así iniciamos la fase de Esquí de Travesía.

Formados en el patio del cuartel, con los esquís sobre un hombro y los bastones sobre el otro, cruzados por detrás de la cabeza.

Salimos hacia la subida a la Tuca y una vez en el camino de media ladera, procedimos a calzarnos los esquís.

Había estado nevando toda la noche. Por la mañana, el valle aparecía completamente blanco. Los árboles estaban recubiertos por una gruesa capa de nieve polvo y todo aparecía envuelto en una neblina espectral.

Iniciamos el recorrido en hilera, guardando silencio pues parecía que al hablar rompíamos ese momento mágico que se produce después de una nevada, cuando la nieve absorbe todos los sonidos y el silencio parece que se toca.

Sólo la respiración, que se perdía en nubes de vaho al salir de nuestras bocas y el “siseo” de los esquís sobre la nieve se oía aquella mañana del mes de febrero.

La marcha se acompasaba entre el deslizar del esquí y el apoyo del bastón del brazo contrario.

A medida que avanzaba la mañana, al subir la temperatura, la nieve acumulada en las ramas de los árboles empezó a caer. Un chasquido, una nube de nieve polvo y el balanceo de la rama que, liberada de su peso, parecía agitarse celebrando su liberación.

Aquello rompió el embrujo inicial y pronto empezaron las bromas habituales en aquellas salidas. En el momento en que el camino cogía una suave pendiente descendente, levantábamos el bastón golpeando las ramas bajas de los árboles que jalonaban la vereda, provocando la caída de gran cantidad de nieve que pillaba de lleno al compañero que venía detrás y que nos dedicaba toda clase de calificativos.

Otro recorrido habitual para practicar el esquí de travesía, era el Plá de Beret. Aquel impresionante valle y su llanura, eran escenario de largos recorridos que acababan en la pequeña ermita de Montgarri y vuelta hacia la estación de Baqueira.

Dura disciplina el esquí de travesía, mucho más que el esquí de pista en el que, teniendo fuertes piernas, la gravedad en las pendientes hace el resto. En la travesía, el esfuerzo es continuado y puede llegar a ser extenuante.

Plá de Beret

Otra faceta del esquí trambién muy interesante, fue la progresión con “pieles de foca”. Son éstas unas tiras con apariencia de piel, con el pelo corto, apretado y con una fuerte inclinación que, en un sentido lo hace parecer liso y en el otro, se agarra fuertemente a la superficie. Estas tiras, se acoplan a las suelas de los esquís de manera que el pelo queda a favor de la marcha y se agarra fuertemente a la nieve cuando se intenta deslizar el esquí hacia atrás. Muy útiles cuando en el esquí de travesía, hay que salvar pendientes prolongadas que, de otra manera, sería muy cansado superar.

X

LA ESCALADA

Los días empezaron a ser más largos, las temperaturas subieron y la nieve empezó a batirse en retirada.

La primavera llegó con una explosión de vida en todo el valle. El verde de los prados empezó a borrar el color marrón de la hierba que el frío de la nieve había quemado. Pronto miríadas de insectos empezaron a revolotear y a libar en las flores que llenaban el valle.

Nuestras actividades se enfocaron hacia una nueva faceta: la escalada.

Los materiales de que disponía la Compañía en aquellos años, eran muy atrasados. Hacía años que yo practicaba la escalada en Murcia y ya manejábamos cuerdas de nylon, estribos con los peldaños de aluminio y mosquetones de duraluminio, las clavijas de muy variado tipo, las mazas eran muy sólidas aunque todavía con mango de madera, las botas con la famosa suela inventada por el italiano Vittorio Bramani, “vibram” y llevábamos cascos de fibra.

Allí en la Compañía, las cuerdas eran de cáñamo trenzado, los estribos se hacían con trozos de esas mismas cuerda, los mosquetones eran de acero, las clavijas, únicas, en “p”, las mazas pequeñas y endebles se rompían con mucha facilidad, como calzado llevábamos la bota montañera de caña corta y no teníamos cascos de protección.

Pues con aquellos materiales iniciamos el curso de escalada.

Los primeros días nos dedicamos al repaso del material. Extender las cuerdas, repasarlas con detenimiento a ver si tenían alguna erosión o daño. Reparación de mazas y comprobación de mosquetones y clavijas.

Empezamos a practicar los diferentes nudos y sus aplicaciones…

-Al extremo de la cuerda se le llama “cabo”…, cuando doblamos la cuerda, a la curva, se le llama “coca”…

-Este es el “as de guía”. Se utiliza para encordarnos y para aprenderlo, acordaros de esto: la serpiente sale del lago, da la vuelta al arbol y se mete en el lago…

-El nudo “llano” se emplea para unir cuerdas del mismo diámetro…para hacerlo, el que monta, monta…

-El “tejedor” puede utilizarse para unir cuerdas aunque sean de distinto diámetro…

-Cuando hagáis un nudo para anclar una cuerda o para hacer tracción sobre ella, colocad un palo en medio para evitar que la cuerda se estrangule y lugo no sea posible deshacer el nudo…

-Para sujetar cuerdas en los sistemas de tensado o “polipastos” utilizaremos el “prusik” que permite deslizar cuando está flojo pero ancla fuertemente cuando se aprieta…

Y así practicábamos una y mil veces hasta que el manejo de las cuerdas y los nudos se hacían instintivamente.

-Ahora los vamos a practicar a la espalda pues en la pared, no siempre podremos hacer el nudo en una postura cómoda… Ahora con una mano…

Y practicábamos y practicábamos.

Luego empezaron las prácticas de encordamiento. Las ataduras de pecho para seguridad y las prácticas sobre el suelo como si de una pared acostada se tratase.

En la Compañía las escuadras eran de séis hombres así, de cada escuadra, salían dos cordadas.

La ascensión la iniciaba el primero de la cordada por sus medios, sin más seguridad que la que la introducción de clavijas, en las que se colocaban mosquetones y por los que se pasaba la cuerda, le podía proporcionar, siendo la cuerda sujetada por el segundo de la cordada que quedaba abajo y que, por un sencillo sistema de polea, al mantener firme la cuerda, le daba seguridad. Eso sí, siempre que las clavijas y mosquetones así como la misma cuerda aguantaran el tirón de una posible caída.

El primero iba superando la pared agarrándose a las irregularidades de la roca. Cuando se presentaba un paso complicado, insertaba una clavija en una grieta y la introducía a martillazos…

-¡Esa canta…! ¡Es segura…!

Eso quería decir que el sonido al entrar en la piedra era limpio, sonoro y se apreciaba que aquel clavo había quedado sólidamente enclavado. Cuando por el contrario el sonido era sordo, y la clavija entraba fácilmente y sin dificultad, entonces ya sabíamos que aquel clavo no era de fiar y buscábamos otro lugar para colocarlo.

Cuando el primero iba a dar un paso difícil avisaba al segundo…

-¡¡Tensa…!! Y así éste sabía que era posible una caída además de que, con su tirón, podía ayudar al primero a superar el paso.

Una vez próxima a agotarse la cuerda, el primero buscaba un lugar de reunión y, asegurándolo convenientemente con varias clavijas, se aseguraba firmemente y a partir de ese momento, ya podía iniciar el ascenso el segundo.

Para iniciar la ascensión el segundo, era preceptivo dar una voces reglamentarias:

-¡¡PREPARADOS…?!!

-¡¡LISTOS…!!

-¡¡VOY…?!!

-¡¡VEN…!!

-¡¡TENSA…!!

Y se iniciaba la subida.

-¡¡Tensa…, tensa fuerte que voy…

La subida del segundo se hacía con rapidez y en los pasos más difíciles podía contar con el auxilio que, con la tracción de la cuerda le podía prestar el primero.

¿Y qué hacía mientras tanto el tercero…? Está claro que la escalada militar tiene como objetivo cumplir la misión y también es evidente que un hombre colgado en una pared, es un blanco fácil para el enemigo. El tercero, siempre está presto para dar apoyo y protección a los que en ese momento están en la escalada. Cuando le toca subir, serán los de arriba los que le den seguridad.

Todos hemos experimentado las descargas de adrenalina que se experimentan cuando, en un paso difícil, la posibilidad del “vuelo” es patente…

Todos hemos experimentado el temblor de piernas cuando después de un momento prolongado de tensión, el sistema nervioso libera energía de esa manera…

-La moto…, deja la moto…, cambia el pie de posición…

Y una vez cambiado, la sensación de tranquilidad que se sentía…Lo malo era cuando no había posibilidad de cambiar ese pie y el “vuelo” se producía…

Los peligros además podían venir por otras causas…

-¡¡Piedraaa…!!

Y todos nos pegábamos a la pared pues nos habían enseñado que las posibilidades de que una piedra al caer lo haga junto a la pared son menores que las de que caiga lejos de la misma por los rebotes.

Y claro, después de la subida viene el descenso… Los “rappels” eran al principio “la cruz” de los novatos…

-Hecha el cuerpo para atrás…, confíate a la cuerda…, siéntate sobre el braguero…

-¡Venga, ahora, da un salto…

-Separa las piernas…, no metas las manos en el mosquetón…, no te encojas…baja las piernas…

-La mano que controla hacia delante…para frenar llévala al pecho…

Pronto se le cogía el tranquillo y con ello el gusto…

-No corras…, no des saltos… controla que te vas a quemar…

Y efectivamente, a pesar de la chaquetilla de escalada de lona gruesa que llevábamos, más de uno salía con quemaduras en la espalda y en las manos…

Luego venían los largos “rappels” de Bagerge y como colofón, el temible “volado”. Cuando dabas el salto y quedabas suspendido en el vacío, el tragar saliva se convertía en un duro trabajo…, parecía que algo tenías en el cuello que te lo impedía…

Pero una vez se le cogía el gusto, los voluntarios para repetir se multiplicaban.

(Continuará…)

Si te gusta lo que estás leyendo, por favor, escribe un comentario que me sirva de orientación… Muchas gracias.

PARA LOS QUE HICISTEIS LA MILI EN LA COMPAÑÍA DE VIELLA, HE ABIERTO UN BLOG ESPECÍFICO SOBRE ELLA. LA DIRECCIÓN ES:

www.esquiadoresescaladoresdeviella.wordpress.com

EN ÉL TRATAREMOS, EXCLUSIVAMENTE, COSAS DE NUESTRA UNIDAD. LOS COMENTARIOS QUE HABÉIS HECHO AQUÍ YA ESTÁN EN EL NUEVO BLOG.

61 comentarios to “POR QUÉ DECIDÍ SER MILITAR…”

  1. Raul Asturias Says:

    madre mia, que bonito relato……. muchas gracias.

    no te demores en la siguiente entrega.

    un abrazo.

  2. Carlos Says:

    Gracias Raul por tu comentario…

    Procuraré seguir con mis recuerdos…

    Un saludo muy cordial.

  3. Juanka Says:

    Me ha encantado esta segunda parte del retalo.

    Hay mucho sentimiento en esas palabras, y eso es lo que más me gusta, porque al escribir, transmites.

    Espero que la tercera esté al llegar.

    Un cordial saludo.

  4. Carlos Says:

    En ello ando amigo Juanka… en los ratos que me dejan mis ocupaciones…

    Gracias por tus comentarios.

    Un saludo muy cordial.

  5. sergio Says:

    Me encanta haber encontrado esta pagina soy un gran admirador de esta unidad y en internet no encontraba nada relacionado con ella. He tenido las suerte de hace un par de años estar en este acuartelamiento hoy desgraciadamente abandonado y olvidado, pero sus paredes vacias me hicieron sentir mucho. Mi pena es que cuando accedi por el 94 al ejercito profesional en esta unidad no salieron vacantes y me fui a infanteria de marina pero le guardo un gran respeto y admiracion a los que en ella sirvieron, sigue con esta pagina y que alguno mas de los que tuvieron la suerte de servir en ella colaboren con material grafico y sus experiencias, un saludo y gracias

  6. Carlos Says:

    Hola Sergio…

    Gracias por tu visita. Tienes razón, es una lástima que aquella Unidad desapareciera; hoy hay otras unidades que se supone son las herederas de aquella pero, que va, nada que ver… Como la Compañía de Esquiadores Escaladores de Viella no ha habido ni habrá otra igual…

    Espero que haya gente que se anime a participar en este blog…, yo estoy dispuesto a abrir las puertas a todo el que quiera.

    Un saludo muy cordial.

  7. HCK Says:

    Enhorabuena. Un relato muy interesante y muy entretenido. Permanezco a la espera de siguientes capítulos.
    Salu2

  8. Carlos Says:

    Gracias HCK por tu visita…

    Continuaré con los diversos temas de este sitio…, es cuestión de tiempo…

    Un saludo cordial.

  9. luis peláez Says:

    También me emocionó…recuerdo esas sensaciones que mencionas cuando después de la jura de bandera en Figueras y de un breve permiso me tuve que incorporar a la compañía…y ese relato de la llegada en autobus al valle de Arán en aquel mes de Febrero del 83, yo que venía de la lejana Galicia (hoy vivo en Salamanca), cruzar ese largo tunel y al salir del mismo, majestuoso el Valle…iba con miedo lo reconozco, no era de los voluntarios…solo mi aspecto fortachón me parece es lo que hizo que me destinaran allí…hoy lo recuerdo con añoranza, y reconozco fué una experiencia impagable para un joven de 23 años que tenía…

  10. Carlos Says:

    Esa es mi intención Luis…, dejar patente la singularidad de esta Unidad donde la disciplina más exigente, se mezclaba con el compañerismo, el trabajo duro y la satisfacción de hacer las cosas bien…

    No me extraña que te emocionen los recuerdos que lees pues, estoy seguro, ocupan un lugar importante en tu vida…

    En la mía, fueron tan importantes, como que me animaron a seguir en la vida militar… y no me arrepiento en absoluto…

    Un saludo cordial.

  11. luis peláez Says:

    Antes de ir a dormir habitualmente la banda de cornetas y tambores interpretaba una pieza (siempre la misma, a veces floreada) y que me gustaria recuperar…¿donde podría conseguirla…???.Un abrazo…LUIS.

  12. Carlos Says:

    Los dos últimos toques que indican el fin de la jornada militar eran “Retreta y parte” y “Silencio”…

    Los dos los puedes oír en la siguiente dirección…

    http://www.geocities.com/juanvi28017/banda/index.htm

    Lo que no es posible, es que suenen como los de la banda de la Compañía…, como aquello nada…

    Un saludo cordial.

  13. luis peláez Says:

    Carlos, en el cuartel, al menos el año que estuve yo, era tradición entre otras cosas tocar una retreta que yo diría que floreada cada noche y que duraba unos 5 minutos si no recuerdo mal…lamentablemente en el enlace que amablemente me diste suenan toques (ordenes?) de corneta pero lo que yo digo también era acompañado de una imponente percusión de tambores…Bueno seguiré visitándote porque encontré esta página y conseguiste emocionarme de verdad…Un abrazo, LUIS.

  14. Carlos Says:

    Tienes razón Luis…

    He estado buscando a ver si encontraba la Retreta Floreada pero no he encontrado nada.

    Los toques de la página que te enlacé son eso, sólo toques y no suenan, en absoluto, como sonaba “nuestra” banda.

    Me alegra que te guste este lugar. Mi idea era conseguir rendir un homenaje a “nuestra” compañía entre otras cosas.

    Espero que sigas visitándome.

    Un abrazo compañero.

  15. Carlos Says:

    Para los que estáis especialmente interesados en los temas de la Compañía de Esquiadores Escaladores de Viella, he abierto un Blog específico sólo sobre ella. Todos los comentarios que habéis hecho en esta página los antiguos miembros de la Unidad los estoy traspasando a ese Blog.

    La dirección: http://www.esquiadoresescaladoresdeviella.wordpress.com

    Allí podemos seguir tratando estos temas.

    Saludos cordiales.

  16. Erich Says:

    Carlos, lo que has descrito es una vivencia que me ha gustado mucho leerla pues yo estoy buscando una parecida en la brigada de cazadores de montaña de Berrioplano (navarra),quiero ingresar en ella.
    Grácias por describir tus vivencias y aportar tantisimas fotos que nos sirven de ilustracion a los mas jovenes que queremos ingresar y formar parte de una unidad de elite.
    Agur

    • Carlos Says:

      Hola Erich…

      Me alegra que mis experiencias te hayan animado.

      Te envío a tu correo un e-mail con algunos datos que te interesarán. Revisa el correo no deseado.

      Hasta pronto y un saludo cordial.

  17. Javier Says:

    Hola Carlos.
    Enhorabuena por la idea del blog y compartir de alguna manera esas experiencias vividas en una profesión como es la de militar. Quizás pueda cundir el ejemplo en compañeros de una profesión que tiene un alto componente de aventura.
    Soy un admirador de la profesión de militar y creo que un gran aficionado a los temas militares y a los grandes nombres de militares de nuestra historia. De hecho siempre pensaré que es mi vocación frustrada. Vivo en Toledo y aquí la infantería es parte de nosotros. Un abrazo.

    • Carlos Says:

      Hola Javier…

      Muchas gracias por tus palabras.

      Espero que tus paseos por este lugar sirvan para llenar en parte tus anhelos militares.

      Efectivamente, vives en la cuna de la Infantería…, preciosa ciudad…

      Vuelve por aquí siempre que quieras.

      Un abrazo, amigo.

  18. Paco Says:

    Hola Carlos

    Bonito y entretenido relato, ¡si señor!. Muy bien documentado con esas fotografías añejas en blanco y negro.
    Ha sido un placer leerlo.

    Un saludo

  19. alfredo lopez adarve Says:

    IMPRESIONANTE

  20. luis felipe Says:

    Hola carlos soy escalador de un pueblo que se llama PLIEGO ( MURCIA ).
    Estaba buscando información del NARANJO cuando me he tropezado con tu blog y me has dejado sin palabras,tengo 33 años y al igual que tú cuando tube que hacer la mili quise ir allí , el problema es que no me destinaron a aquel cuartel.A veces me pregunto como sería aquel destino pero gracias a tú blog ya lo se yveo que me he perdido una gran experiencia.
    Sobre la murciana me quedo sin palabras con las fotos y los comentarios.
    ESPERO QUE ALGÚN DIA NOS VEAMOS PATEANDO POR EL VALLE DE LEYVA

    • Carlos Says:

      Hola Luis Felipe…
      Me alegro de verte por aquí pues aún me siento un poco murciano y siempre es agradable contactar con un paisano.
      La Directísima fue obra de un excelente equipo dirigido por Miguel Ángel Gallego “El Murciano” a quién supongo conocerás aunque sea de referencia.
      Sobre Leyva, la última vez que anduve por allí, fue con mi hijo que entonces tenía 15 años y tiró de mí subiendo una vía que a mi me resultó familiar, luego supe que se llamaba “Carrillo-Del Campo”, era una vía que habiamos abierto Juan Carrillo y yo unos años antes.
      Quiero volver por allí, a ver si coincidimos.
      Un saludo, amigo.

  21. cabello Says:

    Enhorabuena por las palabras que tan profundamente desarrollas de tu experiencia vivida como militar,te dire que tabiem yo lo he sido,y destinado en las mejores Unidades de este Ejercito Español nuestro,que por desgracia cada dia se parece menos a lo que me ha tocado vivir a mi,yo estuve en PARACAIDISTAS-COE 42-MONTAÑA en ESTELLA Y SAN SEBASTIAN Y BILBAO, y TERMINE la vida militar en REGULARES DE CEUTA Nº 54 ,guardo un grato recuerdo de tu antiguo Capitan,de cuando mando el Batallon de Berga siendo Comandante,D. JOSE DE LA BARRERA VICENTE en esa epoca estaba yo en la COE de Tarragona y si la memoria no me falla, la Cia de Viella la mandaba el Capitan Blas Piñar.En todas esas Unidades descritas anteriormente estuve de suboficial,pasando a la reserva de Oficial ya en Ceuta.
    Un abrazo de compañero y sigue deleitandonos con esos escritos de vivencias muy parecidas a las mias.

  22. cabello Says:

    Jo . ONTIVEROS,estoy mas liado que un trompo, las fotos te las puse en seguimos escalando,pero no encuentro el indice, no se si las habras visto y los mensajes que te he remitido,si mal no recuerdo he escrito en los temas de Escaladores de Viella,en Rgulares de melilla,en temas de carlos sobre ejercito si o no, en utopias, y en las memorias de un niño, aparte de en ONTIVEROS 83-87.
    Pero que probelema buscar las respuestas.un abrazo y a seguir siendo joven y escalando,que va bien para el cuerpo, te lo dice tu amigo CABELLO, paraca , Guerrillero y montañero aparte de Regular.Jose Cabello Ramos

  23. Alberto Says:

    Me ha encantado tu descripcion del Valle de Aran, llevo yendo alli toda mi vida aun viviendo en el sur, porque es una maravilla. vivo en el pueblo de Tredos, aunque ahora mismo por ese boom del turismo el encanto se ha perdido ligeramente, aunque sigues encontrando rincones preciosos. Mi duda es si el cuartel donde te formaste en viella es ese en el centro del pueblo que ahora se ha convertido en un parking?? me suena recordar que era un cuartel… hace ya tiempo.
    Un saludo

  24. Feryan Says:

    wow….! =) , Que buen relato de estas historia necesitava leer algo asi para tener una inspiracion, es que quiero ser militar pero al parecer mis padres no me quieren apollar. Bueno en fin , ahra se que si es lo que quiero sera lo correcto. me gusto mucho tu historia , fue muy alentadora. ojala y de donde vino esta aigan mas…… saludos-}- gracias

  25. Garamolla Says:

    Hola Carlos:
    Me ha recordado tu relato a mi servicio militar obligatorio. Yo me incorporé a San Gregorio en 1976 y luego, destinado a Huesca, iba a hacer una mili cómoda de furriel de la 2ª Cía del Rgto. Valladolid 65, pero a los dos días de mi incorporación me informan que debo pasar a la Cía de esquiadores y escaladores del mismo Rgto., en el acuertalamiento “Sancho Ramírez”. Todos gritaron ¡¡¡Ohhhhh¡¡¡¡ cuando se oyó mi nuevo destino por boca del Sargento, parece que me esperaba una mili movidita. Así fue, no me he arrepentido de nada. Si no hubiera sido así, no había aprendido a esquiar, hacer montaña, admirar nuestros maravillosos valles oscenses, y vivir el compañerismo de una compañía de esta “guisa”, nada que ver con el buenvivir que se estilaba en la mayoría de compañías normales. Entonces los privilegiados de vivir esa experiencia creo que éramos 6 compañías en toda España: Tres en Huesca, dos en Lérida y una en Navarra, unos 900 privilegiados al año aproximadamente.
    Enhorabuena, Carlos, por animar a los jóvenes en esta experiencia. Mi Capitán, entonces, fue el Capitán Pueyo, algo chuleta, buena gente.
    Saludos

    • Carlos Says:

      Hola Garamolla

      Muchas gracias por tus palabras. Efectivamente, como las unidades de montaña, ninguna…, las demás están bien. En las que he servido, lo hice con agrado pero ninguna me marcó ni me dio lo que si me dieron las de montaña.

      En cuanto a lo que me preguntas, en aquellas ciudades que tienen guarnición militar (cuarteles) suelen haber tiendas de efectos militares, en ellas venden esos uniformes.

      Gracias por tu visita y un saludo muy cordial.

  26. Garamolla Says:

    Por cierto, Carlos, dónde podría conseguir un pantalón M67 de segundamano, que yo también usé y que tú describes, de la talla 48 (de pantalón vaquero normal). Me encantaba aquel pantalón y, como tengo que hacer una visita este verano a la zona de Gandesa donde se desarrolló la Batalla del Ebro para rememorar las andanzas de un tío que falleció allí, pues nada mejor que enfundarme en el M67 para visitar aquellas Sierras (Cavalls, Pándols). Saludos

  27. Jorge Says:

    A finales de enero ascendí con nieve y hielo el monte Snowdon en Gales (vivo en Londres), que no es nada en comparación con mi Asturias, pero bueno, la montana es la montana, no?

    A media hora de la cumbre comenzamos a oir un rugido ascender entre la niebla. Mi novia y yo nos quedamos estupefactos al ver aparecer unos 20 militares de la RAF a paso ligero, cuesta arriba. Y con toda la educación del mundo:

    “Morning sir, morning ma’am”

    todos y cada uno de ellos a nuestro paso.

    Ese día comencé a sentir este país como un poco más mío.

    Gracias por tu relato Carlos. Es muy bonito.

    Por cierto, te gustan las películas y documentales de los anos 30 sobre montana realizados en Austria, Alemania y Suiza? Hace un par de anos se estrenó una peli “North Face”, sobre el Nordwand del Eiger, pero no está a la altura en mi opinión.

    Lo menciono porque tu descripción del arcaico material de escalada me recuerda al de las clásicas expediciones de los anos 30.

    Un abrazo desde Inglaterra.

    (Hoy nos vamos a Snowdonia otra vez!)

  28. Antonio Says:

    Muy buena expresion!! Leyendo la parte sobre la escalada y el rappel casi me sentia como si lo estuviera haciendo jajja, la verdad que las alturas son lo que mas me asustan

  29. Marcos Says:

    Hola Carlos:

    Hoy he descubierto su blog por casualidad y me ha encantado.
    Hice el SMO en el Grupo Logístico de la Brigada de Cazadores de Alta Montaña XLII, acuartelamiento Sancho Ramírez, reemplazo 3º de 1993. Tuve la oportunidad de hacer mucha montaña ¡una gozada!
    Pese a que mis experiencias del SMO en una unidad de montaña fueron excelentes y guardo un recuerdo imborrable de ellas, en la actualidad soy sargento reservista voluntario de Infantería de Marina. ¡Vaya cambio! ¿no? Motivo: el sistema de ingreso en la RV, que queda condicionado a la experiencia laboral y a la formación civil así como a las plazas ofertadas.
    Espero que continúe explicándonos cosas en este interesantísimo blog.
    Reciba un cordial saludo.

    • Carlos Says:

      Hola Marcos

      Veo que la vocación militar corre por tus venas…, seguro que tus experiencias con la Infantería de Marina son tan positivas como las que disfrutaste con la Infantería de Montaña, cada una en su estilo.

      Intentaré darte gusto y seguir aportando a este lugar cosas interesantes.

      Un abrazo compañero.

  30. alberto boutellier Says:

    Hola Carlos, qué coincidencia. Mi padre en 19446/47 mandaba el batallon cazadores de montaña, navarra num. 1 (creo recordar) con residencia en
    Bossost, a muy pocos kilómetros de Viella. Yo tenía 13 años y recuerdo perfectamente aquello. Conservo fotografías de la época, algunas ya deterioradas por el tiempo.
    Saludos cordiales

    • Carlos Says:

      Hola Alberto, encantado de conocerte…

      Veo que efectivamente tenemos varios puntos en común, incluso el de atrevernos con la poesía.

      Sobre lo que pides de ampliación de información sobre el peñón, hay por ahí un trabajo de un militar que cuenta de ellos. Intentaré buscarlo y subirlo al Blog.

      Muchas gracias por tu visita que espero se repita.

      Un saludo muy cordial.

  31. meliangel sanchez Says:

    bueno me gusta mucho esa carrera, eso es algo muy lindo me gustaria llegar a esa a ser una millitar como mi prima, no bueno ella esta mas abansada pero yo puedo llegar alla muy rapido, si dios quiere y la virgen todo me va a salir muy bien con la ayuda de mis padres y mis ganas de salir adelante………. bueno pa lante es pà ya…….. sere 100 pre meliangel okkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkk. adios asta pronto baby….

  32. JESUS TEJERO Says:

    estuve en 1972 proviniente de seo de urgel para hacer el curso de escalada quede muy sorprendido por el paisaje de aquel lugar apenas avia salido de mi ciudad sabadell (barcelona) el tiempo que estuve ahi no lo pase mal recuerdo que hacia frio y los perros aullaban al toque de silencio, las largas marchas de la artiga de lin a benasque en la artiga estuvimos de acampada durmiendo en unos sacos que vete a saber …
    recuerdo un tte. Raimundo Castellanos seco y alto le pusimos “el guindilla” por su mala leche tambien recuerdo tener que pasar el patio siempre a paso ligero bastante disciplina pero estaba bien algo mas grato era el “urogallo”la disco un dia llego un sargento algo trompa y salimos todos a paso ligero pero todo muy bien la luna de miel la pase en el urogallo dos años mas tarde fuera nevando y dentro …. saludos

  33. Alvaro Martos+ Says:

    hola

    me llamo alvaro martos y el pasado dia 12 de octubre del 2010 vi en la casellana y me intereso en especial los cazadores de alta montaña ( los equiadores,vamos) y os estaria muy agradecido si alguien me diera informacion

    un saludo.

  34. Alvaro Martos+ Says:

    posdata tengo 14 años

    • Carlos Says:

      Alvaro…

      Busca en Google y YouTube, encontrarás cantidad de información y vídeos sobre las unidades de montaña. Utiliza términos como “Brigada cazadores montaña”, “en el limite del cielo y la tierra” (YouTube), etc.

      Un saludo cordial.

  35. Alvaro Martos+ Says:

    mucas gracias

  36. miguel angel Says:

    Ha sido emocionante recordar todo aquello.Yo tambien sali de Melilla, hice el campamento en San Clemente y me destinaron al cuartel de cazadores de Berga, ya desgraciadamente desaparecido.La mili fue tremendamente dura pero no la hubiera cambiado por ninguna otra. Enhorabuena por tan brillante y emotivo relato

  37. José Luis Says:

    Te felicito por la sencillez y claridad con que te expresas, leyendo tus relatos me siento como si estuviese acompañandote en los destinos que “disfrutaste” durante tu servicio militar.
    Yo hice mi servicio militar en el Regimiento de infanteria Inmemorial Nº 1 en Madrid y por supuesto no teniamos una disciplina tan ferrea como la que tu nos muestras.
    Siempre me gusto la disciplina militar, pero impartida por mandos capacitados y responsables.
    Puedo presumir de haber tenido unos mandos ejemplares y es por esto que hoy a mis 66 años, te entiendo y admiro por la forma en que expones tu periodo de instrucción y tus primeras vivencias de la vida militar.

    Un cordial saludo.

  38. Douglas Jose Says:

    guaooo soy de venezuelaa y quisiera ser militar entrando a la academia de oficiales ya q es una forma + facil de servile a mi patriaa como lo hizo nuestro libertador simon bolivar..

  39. Fernando Says:

    Enhorabuena Carlos, por este relato. Unos años más tarde estuve destinado en Berga y pasé las temporadas estival e invernal en Viella, sin contar otras ocasiones como maniobras y cursos, por lo que me he hecho a la idea de cómo lo debiste pasar.

    Ya que estamos, ¿podrías relatar más cosas de Pepito de la Barrera que tanta huella e historias dejó en el Ejército?

  40. Miguel Garcia Says:

    me haces volver al pasado….q recuerdos tan fuertes…..son relatos muy reales y precisos……una vez leidos…cierro los ojos y…me veo asegurando al compañero d cordada…….Gracias por tus escrtos ,pues un golpe aire fresco para tdos los q por alli pasamos…….Yo fui lo q llamabais. “pistolo”;……,pero .un pistolo con suerte…..voluntario en lerida….apasionado dxe la montaña.(aun lo soy).hice tres curso. s(dos. de escalada y un

  41. Miguel Garcia Says:

    vuelvo a star por aqui…,esos tres cursos anteriormente mencionados,dejaron un recuerdo profundo para el resto de mi vida…sentia envidia sana d los compañeros q dejaba al finalizar cada curso…He estado varias veces en viella…en una d ellas…sobre el año 1995 aprx.filme con la camara el cuartel para tener un recuerdo de el……..una verdaderal fdcf5b8a2509c7b87a13 astima su

  42. Miguel Garcia Says:

    lo siento y pido disculpas pero el ordenador me juega malas pasadas……..en fin…descubri sta pag.hace unos dias………stoy “enganchado” a ella…enhorsbuena x tu aportacion y animo a mantener vivo en todos los q d una forma u otra en algun momento de nuestra juventud nos encontramos en aquel lugar….debeis de sentiros muy orgullosos de vuestro paso por alli………curioso!!!………solo me v……ienen a la memoria ….buenos momentos….hasta siempre.

  43. RosaBel Says:

    Que preciosidad de narración. Empecé a leerla por simple curiosidad y quedé enganchada hasta el final.
    He llegado varias veces a este blog, he curioseado un poco, sin más. Pero hoy ha sido distinto; llevo varias horas trasteando por internet para llegar a saber la diferencia entre ‘guiones’ y ‘banderines’, que es un ‘pelotón’, …, en fin, todos esos términos que no hay forma de encontrar claramente definidos en ningún sitio de la red y por los que cada vez que le pregunto a mi hijo, que está en Regulares de Melilla 52, me explica y que acabo liando conceptos, entonces me recomienda que coja sus libros de la AGBS dónde dice que se explica claramente. Hoy como decía he decidido quedarme a leer tu blog y me he quedado fascinada con tu relato, con la amabilidad por contestar a los posts, por a las imágenes, (especialmente las de ‘maniobras en Chinchilla’ de dónde hace poco ha vuelto mi hijo).
    Muchas gracias por hacernos partícipes de tus experiencias y por contarlas tan ‘bonito’.
    Un saludo.

  44. MIQUEL BARNIOL MORENO Says:

    Nunca habra una compañia que se le parezca , en deber , unidad y honor.
    LA MONTAÑA NOS UNE

  45. Emilio Ramos Escamilla Says:

    Hola Carlos me ha encantado tu relato yo pertenecia al colon xxiv estuve en el 78-79 , soy fontanero y mi destino en el ejercito parecia ser el de estar acomodado en la cia de servicios ,libre de maniobras y de guardias,ya en araca el tte me dijo que yo no pidiera destino que me quedaba alli pero a mi me encantaba la vida militar y le dije que no , me toco Irun en el Colon xxiv y de nuevo me esperaban en la cia de servicios ,una vez alli conoci la seccion de EE/EE y me las apañe para irme voluntario ,me costo muchisimo ya que no querian quedarse sin fontanero,pero al final lo consegui y es lo mejor que me ha pasado en la vida ,me decian que estaba loco dejar mi destino para irme a pasar penurias ,he disfrutado tanto leyendo tus vivencias parecia que estaba contigo recordaba toda la jerga de palabras que utilizabas como lo del tembor de rodillas (la moto) ,la cuña la cuña abre la cuña yo tambien utilice los Sanchesky-hickory y las mismas botas de cuero corta,la vuelta maria, las practicas de esqui en el cuartel en el fronton sobre paja humeda lo de andar de rodillas y sobre los cantos de las botas para fortalecer los tobillos en fin que parecia que estabamos juntos un saludo,camarada espero tus proximos relatos.

    • Carlos Says:

      Gracias Emilio, me alegro de que mis relatos te hayan servido para recordar una buena etapa de tu vida.
      Espero verte de nuevo por aquí.
      Un saludo amigo.

  46. Jose Antonio Martinez Lopez Says:

    Maravillosos relatos, Don Carlos. Yo serví en la Cia. EE/EE de la EMMOE y he sabido de este blog buscando informacion sobre la Directisima Murciana al Naranjo. Encantado y emocionado por su existencia. Y mire que casualidad que ahora comparto cordada de vez en cuando y ojalá que por mucho tiempo con su hijo Carlos. Un cordial saludo y ojalá un día podamos conocernos personalmente.

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